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jueves, diciembre 14, 2006

CRITICAS A LA ESTACION ESPACIAL INTERNACIONAL

La ISS en la encrucijada
El enorme presupuesto y las numerosas demoras cuestionan su existencia

La Estación Espacial Internacional está siendo cada vez más cuestionada.
Su gran costo, el incumplimiento de plazos para su finalización y la falta de sólidos resultados científicos están poniendo el proyecto al borde del fracaso justo cuando la NASA empieza a levantar cabeza con proyectos como los de la Luna o Marte.
Recién iniciada la última misión del Discovery de este año, el científico Luis Ruiz de Gopegui analiza para El Cultural las dificultades por las que atraviesa la ISS.

El punto de arranque de la Estación Espacial Internacional, cuyo primer nombre fue Estación ALFA, fueron las palabras de Ronald Reagan en su discurso sobre “Nuestra Próxima Frontera” en febrero de 1984:
“Queremos continuar nuestros sueños hacia las estrellas viviendo y trabajando en el espacio para lograr beneficios en favor de la paz, la economía y la ciencia... Una estación espacial permitirá avances muy importantes en la investigación científica, en las comunicaciones, en el proceso de metales y medicinas que pueden salvar vidas y que sólo pueden fabricarse en el espacio.
Nos gustaría que nuestros grandes amigos de otros países nos ayuden a lograr este nuevo reto y compartan con nosotros sus beneficios”.

Los objetivos que entonces se establecieron para este gran laboratorio y centro de control que se pretendía construir en el espacio exterior próximo a la Tierra fueron cuatro:
1) Laboratorio avanzado para la realización de experimentos en microgravedad;

2) Laboratorio avanzado para medicina espacial;

3) Plataforma estable para sensores remotos para el estudio de la Tierra con acceso fácil para mantenimiento y reparación, y plataforma estable para telescopios astronómicos.

Muy pronto se comprendió que los dos últimos objetivos eran inalcanzables.
La órbita de la Estación debía ser una determinada y los telescopios y sensores necesitan órbitas muy variadas y distintas en cada caso.
Además, el elevadísimo coste de la Estación hacía prohibitivo el precio del alquiler de los puntos de amarre de los telescopios y sensores.

Muchos creyeron que el primer objetivo, la experimentación en microgravedad, justificaba la construcción de la Estación porque auguraba grandes promesas.

Se creía que se podrían realizar cultivos de tejidos biológicos, mejorar el rendimiento de los motores de explosión, fabricar cristales y cerámicas especiales, elaborar aleaciones muy específicas y un sinfín más de aplicaciones prácticas.


Las otras estaciones.

Sin embargo, hubo muchas voces críticas procedentes del sector científico que se opusieron a la construcción de la Estación argumentando que desde el año 1971 se habían colocado en el espacio ocho estaciones espaciales, alguna como la MIR que estuvo 14 años orbitando la Tierra.

También hubo varias miniestaciones (como el Spacelab) y dos estaciones robóticas.

Pero a pesar de este gran esfuerzo todavía no se había logrado descubrir ninguna aplicación práctica interesante de la microgravedad.

Los partidarios de la Estación Espacial cotraatacaron diciendo que la nueva Estación iba a mejorar las prestaciones de la MIR:

La microgravedad en la MIR era de 10 elevado a -3, mientras que en la Estación Espacial sería de 10 elevado a -6;
Las comunicaciones con los Centros de Control sería durante el 100 por 100 del tiempo en órbita, mientras que en la MIR eran sólo del 48% o aún menos;
Lla capacidad computacional a bordo se aumentará en un factor superior de 1.000.
Con prestaciones tan superiores es lógico que se esperasen mejores resultados.

Otro factor que jugaba muy en contra de la nueva Estación era su disparatado coste.

En los despachos y en las comisiones de control se empezaron a desvelar las cifras correspondientes al coste total de la Estación incluidos los estudios previos y los gastos de explotación hasta el año 2015.
Se hablaba de unos 85.000 millones de dólares (cifra referida al valor actual del dinero).
Por lo general, estas cifras tan elevadas no dicen nada, por eso es conveniente compararlas con algo concreto.
Por ejemplo: el Telescopio Espacial Hubble, el proyecto espacial científico más importante de todos los realizados hasta la fecha, que continuamente nos sorprende con nuevos descubrimientos.

El ejemplo del Hubble.

En este proyecto se llevan gastados, en seis años de preparación y 15 de explotación, aproximadamente 4.500 millones de dólares, incluidas las misiones de reparación y mantenimiento.
Por lo que la Estación Espacial equivaldría a unos 19 telescopios como el Hubble.

Todos los científicos estuvieron de acuerdo en que por ese precio se podrían hacer proyectos mucho más interesantes.
El físico americano Robert Park, miembro destacado de la Sociedad Americana de Física y asesor del Congreso de EEUU, dijo en unas declaraciones: “No se ha producido ninguna evidencia –después de muchos años de experiencias en el espacio– de que un medio de microgravedad ofrezca alguna ventaja para procesar o manufacturar”. Con lo cual, se echaban por tierra todas las esperanzas en los hipotéticos éxitos en el campo de las investigaciones en microgravedad.
Otra posibilidad importante de la Estación, según sus defensores, era utilizarla como laboratorio para medicina espacial.
Se hablaba por aquel entonces de los vuelos tripulados a Marte y para ello, dada la duración de estos viajes del orden de 30 meses, era absolutamente necesario estudiar el comportamiento del cuerpo humano sometido a largos períodos de ingravidez.
Aunque la idea parecía lógica, los rusos, que son los que gracias a la Estación MIR tienen más experiencia sobre el comportamiento humano en ingravidez, habían dicho en varias ocasiones que para ese tipo de viajes sería necesario emplear gravedad artificial.

Anatoly Grigorev, un gran conocedor de los efectos de la ingravidez en el cuerpo humano, decía en el año 1982: “La experiencia acumulada con cosmonautas soviéticos en vuelos de larga duración sugiere que, si en el futuro se realizan vuelos a Marte o más allá, deberían efectuarse en naves sometidas a una fuerza centrífuga que proporcione gravedad artificial, según opinan los mejores expertos en este tema de la Unión Soviética”.

Sin embargo, la Estación Espacial no contempla experimentar con gravedad artificial con seres humanos o mamíferos bastante evolucionados ni podría hacerlo dada su estructura mecánica.
A pesar de todas estas críticas, el 20 de noviembre de 1998 se inició la construcción de la ISS, porque el proyecto se abrió a todos aquellos países que quisieran y pudieran participar en él. Reconocimiento internacional.
El plan inicial era que estuviera terminada antes de 2004.
Al principio todo iba muy bien.
Hasta fue reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional del año 2001 a la Estación por el gran esfuerzo que había supuesto reunir a más de 15 países para trabajar juntos en un proyecto de tanta envergadura técnica y económica.
Pero muy pronto empezaron los problemas.
Lo primero que ocurrió es que el presupuesto se quedó corto y como ampliarlo una vez más ya no era posible hubo que recortar el tamaño del proyecto reduciendo sus dimensiones y número de módulos.

Tripulación y transportes.
Aunque había sido proyectada para seis u ocho tripulantes hubo que dejarla en tres o cuatro. Más tarde se produjo el trágico accidente del transbordador Columbia en 2003, lo que obligó a dejar en dique seco los otros transbordadores que disponía la agencia americana, que son imprescindibles para la construcción de la Estación, pues son los únicos que pueden transportar cargas pesadas al espacio.
Debido a importantes dificultades técnicas lo que al principio se pensó que iban a ser dos años sin volar finalmente fueron tres años y medio.
La Estación cada vez se retrasaba más.
No había más remedio que terminar su construcción porque había acuerdos internacionales que obligaban a ello.
Ante los continuos retrasos, y la imposibilidad de realizar investigaciones científicas importantes, pues los tripulantes que la habitaban (sólo tres) tienen que pasar casi todo el tiempo en tareas de mantenimiento y en reparaciones, los rusos han decidido emplearla como hotel para turistas supermillonarios y han empezado a mandarlos al espacio con ese destino.
A los americanos no les ha gustado este cambio de estrategia.
Se trata de un engaño a los contribuyentes, que habían invertido sus impuestos en un centro de investigación puntera.
Pero han tenido que transigir con la nueva situación a pesar de que un turista en la Estación no sólo no produce sino que estorba. En este momento, no se cree que se pueda terminar la construcción de la Estación para antes del año 2010. Dado que ya nadie cree en las ventajas de la microgravedad se ha decidido que sólo se harán experimentos de medicina espacial. En resumen, un auténtico fiasco.
La ISS nunca debió construirse y ahora no se sabe como acabar con ella. Prueba evidente es que debido al gran éxito del Hubble se está trabajando activamente en su sucesor, el telescopio James Webb, sin embargo, nadie está pensando en una segunda edición de la Estación Espacial.

LUIS RUIZ DE GOPEGUI

Base en la Luna y agua en Marte

La NASA se mueve.
Parece que los tiempos de crisis han dado a su fin y la agencia espacial vuelve a tomar la iniciativa.
Además de seguir supervisando la eterna construcción de la ISS, vuelve su mirada a la Luna y su intención de montar en su polo sur una base ocupada de manera permanente.
Para ello se proyectan naves de alta tecnología que tendrán su inspiración en las míticas Apolo. ¿Modo de llevar a cabo el proyecto?
Al igual que con la ISS, buscar una financiación internacional para cubrir un presupuesto que todavía está por definir.
Otro “frente” en el que la NASA parece estar disfrutando un momento feliz es Marte y el reciente hallazgo de agua líquida por la sonda Mars Global Surveyor (en la imagen).
Que hubo agua en el planeta rojo hace millones de años ya era cosa sabida.
La certeza ahora es que el líquido encontrado pertenece a nuestros días y la incógnita es si será capaz de generar algún tipo de vida.
Las muestras enviadas de la sonda cubren los últimos siete años aunque el precio a pagar ha sido que el ingenio dejó de comunicarse hace un mes con la Tierra tras diez años de impecable observación en torno a la superficie de Marte.

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