Umberto Eco la guerrilla semiotica
UMBERTO ECO Y LA GUERRILLA SEMIOTICA
• Ing. Civ. Carlos José Rocca
El filósofo, semiólogo y comunicador social alesandrino Umberto Eco, autor de numerosas novelas de intrigas, editó recientemente “Al ritmo de Camerón”, recopilación de notas suyas de los últimos años donde critica al Presidente de los EE UU y a su aliado en la política internacional, el Premier italiano Silvio Berlusconi.
Producida por la Editorial Bompiani, la edición lleva como subtítulo “Guerras calientes y populismo mediático” y es distribuida con difusión de comentarios por los medios occidentales atraídos por la notoriedad de los citados estadistas.
El autor de “En nombre de la rosa” (1981) y “El Péndulo de Foucault” (1988) entre otras novelas de revisionismo religioso ampliamente difundidas, incluido el cine y la TV, es Profesor de Semiótica y Medios de Comunicación Visual, en varias Universidades, con trabajos teóricos sobre Estética.
Llegó a crear una escuela de seguidores tras frecuentar San Diego, Harvard y la Sorbona donde conquistó un público numeroso y heterogéneo entre alumnos y profesores de dichas instituciones, lo que no es poco a su favor.
Tampoco puede obviarse su labor de cofundador en 1969 de la Asociación Internacional de Semiótica, de la Escuela Superior de Estudios Humanísticos de Bolonia (sólo para licenciados de alto nivel) y del llamado Colegio de Patafísica en el 2001, en el que fuera designado Trascendente Sátrapa de la “docta e inútil sociedad dedicada al estudio de soluciones imaginarias.”
Considerado “bondólogo” por sus estudios sobre James Bond el agente secreto 007, Eco reúne a las condiciones de estudioso de fenómenos de comunicación masivos, que lo hacen un referente mundial en la materia, su vocación literaria que lo acompaña desde joven.
En verdad es un buen novelista que se anticipó a usar los medios de difusión masiva para temas siempre presentes en la narrativa literaria como es la intriga religiosa .
En “El nombre de la Rosa”, su primer novela negra, “best seller”, que le diera trascendencia por la multimillonaria y rápida tirada en numerosos idiomas, desarrolla una trama urdida en un convento hacia el año 1327.
Es un embrollo de suspenso policial y ribetes históricos, tejido con pasajes reales y supuestos, en los que el autor, según algunos críticos, atrapa a lectores ganados por el género de tragedias y aventuras detectivescas.
Una lectura más prolija atrae a “entendidos” en filosofía medieval, materia que Eco maneja con habilidad y conocimiento, para pasar pronto al detalle de enfrentamientos entre franciscanos y dominicos, fuente de tantos episodios de la Iglesia Católica a gusto de revisionistas, protestantes, masones, laicistas y agnósticos.
Finalmente, la última lectura quedaría para los cultores de la semiótica, vanguardistas de una nueva Estética, demoledora de cánones tradicionales de ética y belleza , que encuentran en la obra, su mayor interés y satisfacción iconoclasta.
El resultado es la acogida generosa en todos los medios y los variados comentarios laudatorios de la obra por parte de legos y doctos en distintas disciplinas.
En “El Péndulo de Foucault”, su otra historia negra, o “Vademécum de Ciencias Ocultas” para algunos, trata una conspiración secreta de sabios con una terminología entre científica, psicológica y semiótica que podría ubicarse entre las criticadas por Alan Sokal en “Imposturas intelectuales”
No tuvo la aceptación masiva de la anterior, pero dio margen a innumerables autores para propuestas similares, entre ellos Dan Brown con el Código DaVinci, engendro y disparate “best seller” de moda en nuestros días.
Eco trabajó en la RAI en los albores de la televisión italiana donde se familiarizó con las nuevas técnicas de la comunicación visual y su impacto en audiencias masivas,
Italia salía del período de la censura fascista y de la transición caótica del régimen, en medio de la explosión de la Televisión, la radio, el cine y la prensa liberada y disputada por tendencias conservaduristas , liberales, comunistas y vanguardistas, entre otras variedades del pensamiento que surgió de la post guerra , la guerra fría-y la caída del estalinismo .
En algún apunte biográfico admite que, en su niñez, la sociedad italiana idealizaba al Duce por sus ojos más que por su política y que su familia “no era fascista al igual que no era antifascista como la mayor parte de la pequeña burguesía ”.
Al concebir una nueva Estética y enjuiciar la belleza adoptada como patrón durante siglos Eco, siguiendo a otros vanguardistas, identificó nuevos paradigmas a gusto de curiosos y diletantes.
Enjuicia ahora a Berlusconi y Bush por técnicas que antes fueran de su dominio y de la que se ve desplazado por el magnate de la TV italiana a quien define como “afirmado en el régimen populista más mediático de toda la historia de Italia”, sin reconocer que él mismo había logrado igual interés mediático al atacar con un doble discurso al sistema liberal capitalista, consumista y pasatista .
Enjuicia a Wikipedia por buscar millones de expresiones individuales, cuando antes criticara al diccionario por sus definiciones simplificadas.
Izquierdista sin militancia partidaria y francotirador no comprometido más que consigo mismo, entre Marcuse y McLuhan, “apocalípticos e integristas “ , otro de sus textos iniciales , Eco resulta un pragmático quizá al estilo Viktor Klima, el vienés quien a la postre resultó un excelente vendedor de Volkswagen tras dirigir Austria y la Socialdemocracia Internacional.
En el cuestionamiento a la razón y la fe que en algunos ensayos realizó, finalmente lo dejó sin una ni otra verdad y sólo seguido por quienes idealizan un nuevo orden caótico, lunático y descreído de todo.
Fracciones de la Iglesia Católica lo resguardaron de la crítica, por su vecindad a la “Teología de la Liberación” y a los sacerdotes del Tercer Mundo y otros lo libraron del Index para no dar mayor oportunidad y trascendencia a la polémica.
Muchos escritores han encontrado en el revisionismo religioso el camino a Premios , incluso el Nobel, que no pudo conseguir Borges con su “Tres versiones de Judas” quien en 1944 comentó versiones sobre Dios y su hijo, en años lejanos a la difusión masiva de la que dispuso Eco.
En la recopilación lanzada recientemente el novelista reitera temas como la carnavalización de la vida, la globalización, el juego y la muerte.
Y considera un retroceso del mundo “ el uso del saludo romano en los estadios, el antisemitismo y el recuerdo del hijo de Mussolini “ retroceso al que llevó en gran medida su nueva estética, en la que todo es posible en el caos instalado por el relativismo filosófico y donde la duda prevalece sobre los valores que ahora cuestiona.
El “carnaval de la vida” instalado en el mundo está muy lejos de la Lección de Optimismo de nuestro Joaquín V. González, como de Korn con su Libertad Creadora y muy cerca del revisionismo marxista y religioso difundido por el alesandrino.
Parecería que, entrando ya en los años plateados de su vida, Eco se alborota por los resultados de su cosecha, en que el doble discurso, no ha logrado sin embargo el reconocimiento que tuviera Cervantes con El Quijote, con sus simbólicos personajes, ni Shakespeare, con el Mercader de Venecia, y los suyos, mucho más profundos y menos arrevesados en la interpretación de la compleja realidad humana.
La Plata, marzo de 2006
• Ex Presidente del Centro de Ingenieros
Pcia. de Buenos Aires.
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